
Los síntomas
reflejan un malestar del que no somos conscientes. Un síntoma es cualquier
manifestación anímica o física que tiene como origen un conflicto psíquico.
Para entenderlo mejor podemos pensar en un iceberg. La punta que emerge a
la superficie, lo que se ve, es equiparable al síntoma. Lo que se encuentra
sumergido, lo que no se ve y que permite que la punta flote en la superficie,
es el origen del síntoma, la causa del síntoma.
Un paciente acude a consulta porque el síntoma le duele, se siente mal, angustiado,
desorientado, deprimido. La labor de la terapia
es investigar a partir de las palabras
del propio paciente el origen del conflicto,
la parte no visible que ha originado el síntoma. Nos importa el origen en
cuanto es el foco del malestar. Una vez que el paciente es consciente del
conflicto, puede hablar de él, solucionar las contradicciones y recobrar el
bienestar perdido.
La única medicación que se administra es la palabra.
El paciente no se verá forzado a abordar lo que no quiera abordar. El pasado
únicamente será relevante en cuanto no nos permita vivir en el presente.
Aspectos prácticos:
La duración de cada sesión oscila entre 45 y 55 minutos, una o dos veces
por semana.
El precio de la sesión se ajusta a lo estipulado por el colegio
oficial de psicólogos. No obstante, puede oscilar dependiendo de las posibilidades
económicas del paciente.
Se realizan unas sesiones preliminares para evaluar las expectativas
del paciente y las posibilidades de tratamiento.